Salud y nutrición

La conexión entre intestino-emociones y cómo nos afecta

Sentir mariposas en el estómago, corazonadas, tener fuego en las entrañas: no faltan expresiones que conectan el sistema gastrointestinal con nuestras emociones. Pero, ¿sabías que la ciencia respalda esta conexión? El eje intestino-cerebro, también conocido como la conexión intestino-cerebro, es un fenómeno real con vínculos a diversas condiciones, incluyendo el síndrome del intestino irritable (SII), la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y la ansiedad.

Hablamos con el doctor Eamonn Quigley, gastroenterólogo del Houston Methodist, sobre el eje intestino-cerebro y sus implicaciones para nuestra salud.

¿Qué es el eje intestino-cerebro?

El doctor Quigley dice que el concepto del eje intestino-cerebro o conexión intestino-cerebro ha evolucionado como una forma de explicar cómo interactúan el cerebro y el intestino en el desarrollo de varios síntomas, como dolor abdominal, náuseas, vómitos, hinchazón y más.

«El intestino tiene nervios sensoriales, y estos transmiten mensajes a través de la médula espinal, por el nervio vago, hasta el cerebro, donde son reconocidos y, si el cerebro así lo decide, responde enviando señales de regreso al intestino, lo que genera cambios en la motilidad intestinal o en la secreción», indicó el doctor Quigley.

«En algunas situaciones, puede ser el cerebro el que influye principalmente en el intestino. Y en otras, puede ser el intestino el que influye en el cerebro», comentó el doctor Quigley, quien pone como ejemplo el estrés.

«Cuando estás estresado, puedes tener diarrea, puedes sentir náuseas, y eso es claramente el cerebro actuando directamente sobre el intestino y afectando su motilidad, etc. Pero claro, también puede pasar lo contrario, y los síntomas que se originan en el intestino se sienten en el cerebro y generan dolor, náuseas, hinchazón, etc», refirió el doctor Quigley.

Esto se puede ver en condiciones como el SII o el dolor intestinal crónico, donde las personas con estos problemas pueden desarrollar ansiedad o incluso caer en depresión. Cuando esto ocurre, los síntomas intestinales empeoran, lo que a su vez aumenta la ansiedad y se crea un ciclo vicioso que se repite una y otra vez.

El microbioma intestinal, ese ecosistema microscópico compuesto por bacterias, hongos y microorganismos, juega un papel crucial en nuestra digestión, metabolismo y sistema inmunológico, y ahora se considera una parte clave del eje intestino-cerebro. De hecho, el microbioma intestinal está en comunicación constante con el cerebro a través de un sistema de transmisión de información en ambas direcciones —lo que se conoce como eje microbioma-intestino-cerebro.

El eje intestino-cerebro influye en muchas funciones del cuerpo

Además de nuestro estado de ánimo y niveles de estrés, la conexión intestino-cerebro también impacta varias funciones corporales. Muchas de ellas están relacionadas con el intestino, como la digestión, la motilidad intestinal (las contracciones musculares que impulsan la digestión), el metabolismo, el hambre e incluso los antojos. Esta conexión también puede afectar nuestra inmunidad, el comportamiento, la función cognitiva e incluso nuestra tolerancia al dolor.

«El dolor, prácticamente de cualquier origen, tendrá un componente intestino-cerebro, ya sea fibromialgia o fatiga crónica. Casi cualquier cosa que se te ocurra —ya sean síntomas cardíacos, respiratorios— en mayor o menor grado tendrá un componente intestino-cerebro. Es un paradigma bastante universal, y es muy importante entenderlo y valorarlo», explicó el doctor Quigley.

Condiciones vinculadas al eje intestino-cerebro

Prácticamente cualquier condición gastrointestinal, en mayor o menor medida, tendrá algún componente intestino-cerebro, según el experto del Hospital Houston Methodist. Dos de las más comúnmente afectadas son el SII y la EII, incluyendo la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

«En el síndrome del intestino irritable, el eje intestino-cerebro puede tener un rol variable. Por ejemplo, en algunas personas, los síntomas se originan principalmente en el intestino. El cerebro puede modificar un poco esos síntomas, pero el origen está en el intestino. En otras personas, especialmente aquellas con SII más severo que también tienen ansiedad, depresión o somatización (malestar psicológico causado por síntomas sin origen aparente), los síntomas pueden estar más bien impulsados por el cerebro, aunque se expresen en el intestino», abundó el experto.

El doctor Quigley comentó que el objetivo principal del tratamiento en la EII, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, es suprimir o eliminar la inflamación que causa los síntomas.

«Existe una conexión intestino-cerebro en la EII en el sentido de que, debido a la inflamación, quienes la padecen pueden desarrollar depresión o ansiedad. Y si están estresados, eso puede empeorar su enfermedad inflamatoria intestinal porque el input del cerebro puede afectar directamente la inflamación en el intestino», advirtió el especialista.

Otras condiciones relacionadas con el eje intestino-cerebro pueden incluir dolor torácico no cardíaco, ansiedad y depresión, y trastornos como el Parkinson o la esclerosis múltiple.

¿Qué tratamientos pueden ayudar con condiciones afectadas por el eje intestino-cerebro?

Dado que tanto el SII como la EII están fuertemente asociados al eje intestino-cerebro, el gastroenterólogo del Hospital Houston Methodist describe que hay una variedad de lo que los gastroenterólogos llaman «intervenciones mente-intestino» para ayudar a aliviar algunos de los síntomas provocados por esa conexión entre el cerebro y el intestino y apunta que, “las intervenciones mente-intestino son extremadamente beneficiosas, y van desde medicamentos como antidepresivos o ansiolíticos, usualmente en dosis muy bajas, hasta terapias conductuales. En este contexto, los antidepresivos y ansiolíticos no se usan realmente por sus efectos sobre la depresión o la ansiedad, sino porque parecen tener un efecto sobre el input sensorial que viene del intestino».

 ¿Los estimuladores del nervio vago de venta libre pueden aliviar síntomas gastrointestinales?

El nervio vago, el más largo de los nervios craneales, es esencial para que el cerebro se comunique con el resto del cuerpo y viceversa. La estimulación del nervio vago es un tratamiento que envía pulsos eléctricos a través de este nervio hacia el tronco cerebral. Los dispositivos implantados quirúrgicamente fueron aprobados por la FDA en 1997 y se han usado para tratar epilepsia resistente a medicamentos y otras condiciones.

Hoy en día, se están comercializando estimuladores del nervio vago no invasivos y portátiles de venta libre que prometen ayudar con todo, desde reducir el estrés, aliviar síntomas del SII, hasta ofrecer una opción sin fármacos para tratar la depresión.

«Lo que no se valora tanto es que el nervio vago es en realidad mayoritariamente un nervio sensorial, que la mayoría de sus fibras están más enfocadas en transmitir sensación que en enviar mensajes descendentes. El vago es un componente clave del eje intestino-cerebro en la generación de reflejos vasovagales», especificó el doctor Quigley.

«Un ejemplo es cuando comes y el estómago se llena; los nervios sensoriales del vago mandan un mensaje al cerebro diciendo que ya está lleno, que hay que dejar de comer, y eso se convierte en un reflejo descendente hacia el estómago para relajarlo y permitir que comas un poco más. Eso se llama acomodación gástrica, que es un reflejo vasovagal, y hay muchos como ese», prosiguió el gastroenterólogo.

El especialista detalló que hay algo de evidencia de que estos estimuladores pueden ayudar a modificar la percepción sensorial del intestino, pero todavía no se usan ampliamente con ese propósito.

Los dispositivos de venta libre pueden ser bastante costosos. Y sin la guía de un profesional, podrías estar pagando por un simple efecto placebo. Dicho eso, si te interesa, el riesgo de estos aparatos portátiles es bajo.

¿El uso de probióticos puede mejorar el eje intestino-cerebro y tu salud mental?

El concepto del eje microbioma-intestino-cerebro reconoce que los microbios en el intestino pueden enviar señales al cerebro, y que el cerebro puede, a su vez, influir en la composición del microbioma.

«Es un concepto relativamente nuevo, pero que parece tener bastante evidencia experimental. Hay datos, incluyendo algunas investigaciones que hicimos en Houston Methodist, que muestran que modulando el microbioma con un probiótico, por ejemplo, se pueden influir síntomas como la depresión y la ansiedad. No hay una enorme cantidad de datos aún, pero al menos hay algo que sugiere que se pueden modular síntomas mentales —o de origen cerebral— administrando probióticos en el intestino», expuso el doctor Quigley.

Por qué es importante el eje intestino-cerebro — y cómo puedes apoyar su buen funcionamiento

Un eje intestino-cerebro saludable es clave para nuestro bienestar general, porque cuando funciona correctamente, ni nos damos cuenta de las miles de señales que van y vienen entre el intestino y el cerebro, orquestando todo el proceso digestivo.

«Si fuéramos conscientes de estas señales, tendríamos dolor, hinchazón y náuseas todo el tiempo. Así que la capacidad de que ese tráfico ocurra a nivel subconsciente es muy importante para el funcionamiento normal del tracto gastrointestinal y para que las personas estén sanas y sin síntomas. Obviamente, cuando eso se altera, empiezas a notarlo», puntualizó el experto.

Aunque el doctor Quigley dice que no hay una receta única para mantener o mejorar la función gastrointestinal, resalta la importancia de mantener un peso saludable y seguir una dieta como la mediterránea para preservar un buen microbioma y una función colónica adecuada.

La dieta mediterránea es rica en frutas, verduras, granos enteros y proteínas vegetales como las legumbres, que son altas en fibra. Comer suficiente fibra y mantenerse bien hidratado son dos factores clave para una función digestiva saludable.

Foto: Flow

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