Columnas

Cuenta Regresiva

Original y Copia

 

Por Martín de J. Takagui

Por lo pronto ya se atrasó un mes el envío de la iniciativa de reforma electoral anunciada por la presidenta Claudia Sheinbaum que, según ella, es para consolidar la democracia mexicana, a pesar de que la mayoría de los mexicanos, sobre todo los informados, sabemos que se trata de una regresión que sirve para los intereses de Morena y que sus personajes se mantengan en el poder por muchos años.

Se habla de desaparición de diputados plurinominales, luego se dice que los pluris permanecen, pero en realidad no son proporcionales, sino primeras minorías, o sea el segundo lugar en la votación entra a fuerzas a la cámara.

También se dijo que se retire el financiamiento público a los partidos para reducir los gastos y evitar que las elecciones y la democracia mexicana sea la más cara del mundo, pero debemos de recordar que prácticamente todos los candados, la defensa de los plurinominales y la exigencia de recursos públicos para los partidos no fueron ideas del PRI, que era el que tenía las mayorías cuando estas concesiones se aprobaron.

Fueron quienes hoy están en el gobierno y que militaban en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) quienes pidieron esas y muchas concesiones más, como el que se ciudadanizaran las elecciones, a través del Instituto Federal Electoral, que sustituyó a la Comisión Federal Electoral que encabezaba el secretario de Gobernación en turno.

Todas esas cosas que la gente ya no recuerda y que sucedieron cuando muchos de los que votarán en 2027 por primera o segunda vez ni siquiera habían nacido, parece mucho tiempo, pero los viejos periodistas como el que escribe estas líneas vio y cubrió todos esos procesos democratizadores que hoy quieren echar a la basura.

Y los quieren desaparecer, porque a ellos ya no les sirven, por el contrario, ahora les estorba, ya que de seguir las cosas como estaban en las leyes electorales vigentes en 2018, muy probablemente perderán la mayoría calificada en la próxima elección o en la de 2030.

La cuenta regresiva para convencer al Partido del Trabajo y al Partido Verde Ecologista de México, de que apoyen la reforma electoral deja solamente 60 de los 90 días que dura el periodo ordinario de sesiones y tanto a Pablo Gómez, coordinador de los trabajos para la reforma electoral, como a la presidenta Claudis Sheinbaum, se les acaba el tiempo y entonces Pablo habrá incumplido con su encargo y Claudia estará en la cuerda floja, porque no cierra las puertas a las diputaciones fáciles.

Aquí el problema es que si la iniciativa lleva dificultad para los plurinominales y reducción de financiamiento público, Morena no contará con los votos suficientes de dos terceras partes de la cámara para avalar los cambios constitucionales, debido a que solamente con los diputados verdes y del trabajo, lograrían esa mayoría calificada que se logró artificiosamente.

Pero más aún los tiempos se acortan, porque de acuerdo con la propia Constitución, esa que se han pasado por el arco del triunfo a lo largo de la actual legislatura, las reformas electorales, por ley, deben ser aprobadas, por lo menos un año antes de que sea el proceso electoral, que está programado para el mes de julio de 2027.

Hoy los legisladores morenos, empezando por el diputado Ricardo Monreal y el senador Ignacio Mier tienen que luchar contra sus propios aliados o rogarles a los verdes y del trabajo, para que les den su voto, que tendría que quitarles importantes apoyos y subvenciones que hoy usan para alcanzar posiciones legislativas a todos los niveles.

Si no se apuran, se quedan sin reforma, más valdría aflojar un poquito y que no se empeñen en no quitar una coma de la iniciativa, porque así como viene, “No Pasará”.

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