Por Ricardo Burgos Orozco
El pasado 9 de abril la Fiscalía General de la República dio a conocer las conclusiones de la investigación por el descarrilamiento del Tren Interoceánico el pasado 28 de diciembre del año pasado, que provocó la muerte de 14 personas y lesiones para 100 pasajeros.
Según la autoridad, tanto la infraestructura como los equipos estaban en óptimas condiciones y cumplían con la normatividad. La Fiscalía señala que fueron factores externos, principalmente errores humanos, como el exceso de velocidad, los que determinaron el percance.
Por lo tanto, los responsables son el maquinista, Emilio Erasmo Canteros Méndez; el conductor, Felipe de Jesús Díaz Gómez, y el jefe de despacho, Ricardo Mendoza Cerón. Ellos tres van a enfrentar las acciones legales que determinen los jueces por su responsabilidad.
La Fiscalía General de la República no encontró más culpables, es decir, otros chivos expiatorios más que a quienes, para muchos, solamente operaban un tren de hace 50 años, que fue remodelado, en unas vías que dejaban mucho que desear desde que se rehabilitaron.
Según el peritaje de la FGR, el tren circulaba a una velocidad excesiva e insegura. La fiscal señaló que la investigación se basó en múltiples fuentes técnicas y administrativas, que incluyó análisis de ingeniería, arquitectura, topografía y seguridad industrial – documentos que no se pusieron a disposición del público, por supuesto –, pero la realidad es que se trataba de exonerar a la Secretaría de Marina y a uno de los hijos de Andrés Manuel López Obrador.
Antes de ser nombrado secretario de Marina en el actual sexenio, el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles se desempeñó como director general del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, una obra impulsada por el expresidente López Obrador, en su obsesión por revivir los trenes de pasajeros. Recuerden que también el Tren Maya – un elefante blanco — es inspiración de el exmandatario.
Morales Ángeles fue el coordinador de la operación integral del Corredor, la revisión de la interconexión logística entre puertos y ferrocarriles, la rehabilitación de las vías que atraviesan Oaxaca y Veracruz, la promoción de inversiones y desarrollo en comunidades cercanas a la obra, así como la revisión de la seguridad en la zona.
El propio Andrés Manuel López Obrador nombró públicamente a Gonzalo Bobby López Beltrán como supervisor de la obra, pese a que no tiene idea de ingeniería ni de construcción ya que su especialidad es sociología. Su responsabilidad fue observar el avance de las obras, el tendido de las vías y más aspectos de la infraestructura. Otra de las muchas ocurrencias de AMLO.
En su momento, la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad publicó un audio en el que el empresario Amilcar Olán afirma que Gonzalo López Beltrán le ofreció explotar unas minas en Oaxaca para el negocio del balasto usado en el trazado de las vías del Tren Interoceánico.
El Comité de Transparencia del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, es decir la Secretaría de Marina, reservó por cinco años – hasta 2031 – la información técnica y reportes del Tren Interoceánico, clasificándola como seguridad nacional, a raíz del accidente del 28 de diciembre pasado. El secretario de Marina aduce que es por la investigación en curso por parte de la FGR y nosotros debemos chuparnos el dedo.
A final de cuentas, sólo Andrés Manuel López Obrador, su hijo Bobby, el actual secretario de Marina, la FGR y Claudia Sheinbaum Pardo saben cuáles fueron las verdaderas causas del accidente del Tren Interoceánico que provocó 14 muertos y 100 heridos, pero decidieron cargarle todas las pulgas al perro más flaco: un conductor, un maquinista y un jefe de despacho. Y la presidenta repite en todo momento que en su sexenio no hay impunidad ni corrupción ¡Qué bueno!

