Columnas

La Silla Eléctrica: Puebla, un gobierno sin brújula

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El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Lord Acton

Por Antonio Ladrón de Guevara

Cuando los números hablan más que los discursos

El PRI poblano decidió sacar del cajón la vieja brújula de la oposición y se topó con un mapa lleno de cifras incómodas. No hacen falta conjuros ni reuniones secretas para entender el problema: 55 millones de pesos recaudados por parquímetros siguen sin una explicación clara sobre en qué se usaron, mientras las lluvias convierten calles en canales y la inseguridad sigue sumando sus propios números.

Los datos duros son de esos que incomodan, pero ahí están, aunque a más de uno no le guste. Las inundaciones no preguntan quién tiene la culpa y los delincuentes tampoco revisan organigramas antes de actuar. Aun así, la respuesta oficial se pierde en el enredo burocrático, donde cada dependencia le pasa la responsabilidad a otra.

La crítica priista puede tener su carga política, claro, pero las cifras obligan a poner atención. Porque cuando millones de pesos no tienen rendición de cuentas, las calles se inundan y la inseguridad sigue creciendo, el verdadero truco no está ni en la oposición ni en el gobierno, sino en esa costumbre tan nuestra de convertir los datos en simples anécdotas.

El Cablebús encantado 

En Puebla, el Cablebús parece haberse escapado de un reino de fantasía donde los proyectos nacen antes que los planos. Un día la ruta pasa por la BUAP, al siguiente por Mayorazgo y, si la brújula política sigue girando, mañana podría aterrizar en cualquier otro sitio. Lo único que permanece inmóvil es la certeza de que el proyecto sigue sin un rumbo claro.

Mientras el gobierno presume transparencia y diálogo, reconoce que aún no existe un documento completo de la obra. Es decir, se socializa una idea cuyo trazo definitivo, impacto ambiental y cambios de uso de suelo siguen envueltos en niebla. Para una inversión estimada en 7 mil 500 millones de pesos, el mínimo esperado sería un proyecto ejecutivo sólido, no una colección de versiones.

Los datos son menos obedientes que los discursos: primero se habló de 43 mil pasajeros diarios; después, los propios documentos oficiales redujeron la expectativa a 18 mil 930. Casi la mitad. 

Cuando las cifras desmienten la narrativa, el problema ya no es de comunicación, sino de planeación. Y ningún hechicero, por talentoso que sea, convierte la improvisación en política pública.

Donde los sellos no sellan nada

En el reino donde la voluntad oficial pretende ser más poderosa que la ley, los sellos de clausura parecen haberse convertido en simples adornos. El INAH suspendió actividades en un predio contiguo a la Gran Pirámide de Cholula, pero la maquinaria y las pipas siguieron desfilando como si un decreto real bastara para volver invisibles las restricciones.

Los vecinos no solo temen quedarse sin agua; también observan con preocupación cómo el patrimonio arqueológico podría pagar el precio de una obra que parece avanzar primero y justificar después. 

El mensaje resulta inquietante: si una suspensión de la autoridad encargada de proteger el patrimonio histórico puede ignorarse sin consecuencias, ¿qué queda para el resto de la ley?

Cuando el poder actúa como si estuviera por encima de las instituciones, ya no hablamos de eficiencia gubernamental, sino de un preocupante ejercicio de autoridad sin límites.

@AntonioLGuevara

De

Para DeReporteros

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