Ciencia y tecnología

Internet en disputa: del código como ley a la soberanía de los territorios digitales Día Internacional de Internet Seguro

  • En tiempos de la IA y de la hiperconectividad, la seguridad no puede reducirse a recomendaciones, instalación de antivirus o cambios de contraseñas: especialista de El Claustro

  • En el marco del Día Internacional de Internet Seguro (10 de febrero), sentenció que no basta con navegar “con cuidado”, hay construir sistemas más éticos e inclusivos donde el acceso al conocimiento sea horizontal

El Internet no es una nube etérea, sino un territorio cultural y social en disputa, un espacio que se habita y que se construye entre todos y que se encuentra atravesado por estructuras de poder que requieren ser “hackeadas” desde la conciencia política y colectiva, sentenció la doctora Irene Soria Guzmán.

La profesora de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), en el marco del Día Internacional de Internet Seguro (Safer Internet Day), que se conmemora cada 10 de febrero, afirmó que, en tiempos de la Inteligencia Artificial y de una hiperconectividad que parece no dar tregua, la seguridad no puede reducirse a recomendaciones, instalación de antivirus o cambios de contraseñas.

Aunque es un evento mundial, no es una fecha instaurada directamente por la Asamblea General de la ONU, sino por redes de seguridad digital con apoyo europeo, se hace énfasis en el «uso responsable, respetuoso, crítico y creativo» de la tecnología bajo el lema “Seguridad Digital para Educar en tiempos de IA”.

La experta en cultura digital explicó que la narrativa oficial de la historia de Internet relata que surge del proyecto ARPANET en los años 60 como un proyecto militar y académico en los Estados Unidos para asegurar comunicaciones estables en un contexto de guerra. Nacieron protocolos de comunicación entre computadoras, la transmisión por paquetes y, finalmente, el hito de Tim Berners-Lee en el CERN: el HTML y el hipertexto que dio origen a la World Wide Web (WWW) como se le conoce hoy.

 “En ese entonces, en 1991, la Web se pensó como un bien común, un estándar abierto para que científicos compartieran conocimiento sin las trabas de formatos privativos pertenecientes a empresas. El espíritu era claro: horizontalidad y colaboración”, relató.

No obstante —prosiguió—, ese sueño de una red libre y abierta pronto chocó con la ambición corporativa. La famosa «guerra de los navegadores» de los noventa, donde Microsoft utilizó su poder monopólico para asfixiar al entonces famoso navegador web llamado Netscape, fue el primer gran síntoma de lo que el abogado estadounidense Lawrence Lessig advertiría años después: el código es ley.

Y como toda ley, acotó la académica de la UCSJ, trae consigo decisiones políticas. Cuando Netscape, al borde de la quiebra, liberó su código fuente de programación bajo una licencia de software libre, no solo salvó una herramienta técnica, sino que nos recordó que la transparencia y libertad de la “receta de cocina” de nuestras herramientas tecnológicas, es una forma de resistencia.

“Hoy, ese espíritu de apertura está bajo asedio por el modelo de las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft). Estas cinco empresas han decidido cerrar, ocultar y ofuscar su código fuente en aras del beneficio económico, convirtiéndose en los nuevos terratenientes de nuestra vida digital, en una especie de ‘tecnofeudalismo’”, aseveró.

Citando al filósofo Bolívar Echeverría, quien señalaba que, si existe una renta de la tierra, hoy se paga una «renta tecnológica» por habitar Internet. “Y no la pagamos solo con dinero, sino con nuestros datos, nuestra privacidad, nuestra autonomía y nuestra vida”, sentenció.

Compartió que esta extracción masiva de datos es el insumo principal de la Inteligencia Artificial contemporánea. Aquí es donde el uso «responsable y crítico» debe dar un salto cualitativo, ya que la IA no es una entidad neutral; es el resultado de un intercambio masivo de información captada por empresas que luego alimentan algoritmos de aprendizaje automático (machine learning).

“El código de programación ya no solo regula cómo nos comunicamos; ahora tiene la capacidad de predecir y moldear nuestros comportamientos. Si no auditamos el código de estas IAs, estamos permitiendo que una nueva forma de biopoder y colonialismo de datos oriente nuestra vida hacia el consumo y el control. ¿Qué patrones están sirviendo de base a esta “inteligencia”? ¿Quién determina el umbral de lo que la máquina considera «normal» o «seguro»?”, cuestionó la doctora Soria.

Aseguró que la IA es hoy el frente de batalla más complejo de nuestra soberanía tecnológica, por lo que no se puede permitir que el futuro se decida en cajas negras inaccesibles para la mayoría. Tomar el control de la IA significa cuestionar sus fuentes, exigir transparencia en sus algoritmos y, sobre todo, recuperar la capacidad de decidir qué datos queremos entregar y para qué fines.

“Por ello, propongo que, para hablar de un Internet seguro en 2026, hablemos de soberanía y de reconocer los ‘saberes otros’. No basta con ser ‘personas usuarias’ pasivas que consumen lo que las grandes corporaciones nos entregan empaquetado. La invitación hoy es a involucrarnos radicalmente en la tecnología”, planteó.

Expuso la necesidad de transitar del simple «uso» a la creación, a la auditoría y al acompañamiento de herramientas que reflejen la diversidad de cada sociedad, por lo que involucrarse en la tecnología es un acto de cuidado colectivo.

“Necesitamos construir sistemas más éticos e inclusivos donde el acceso al conocimiento sea horizontal. No basta con ‘navegar con cuidado’; hay que imaginar y soñar otros modos de tecnologías posibles”, destacó.

Irene Soria reiteró que reclamar Internet como un territorio soberano y la IA como una herramienta auditable es el primer paso para imaginar y construir otros mundos posibles. “Es momento de dejar de ser inquilinos de las GAFAM para convertirnos en arquitectas y arquitectos de nuestra propia libertad digital. Reclamar Internet como un territorio soberano es, quizá, el acto de resistencia más urgente de nuestra época, porque otro Internet es posible, pero solo si nos atrevemos a hackear el presente”.

Datos en México

Datos del estudio Digital2025 GlobalOverviewReport, a principios del año pasado, México tenía 110 millones de usuarios de Internet, con un aumento interanual del 1.0% (+1.1 millones), mientras que el reporte anterior indicaba 39.51 millones, con una leve caída del 0.07% respecto a la población. Esto muestra un crecimiento significativo en el número de usuarios.

El tiempo promedio diario usando Internet en 2025 fue de 7 horas y 32 minutos, una reducción de 4 minutos (-1.0%) respecto al 2024. En contraste, el reporte pasado señalaba un promedio de aproximadamente 8 horas y 43 minutos, mucho más alto que el actual.

Además, en 2025 el 83.3% de la población usa Internet, con una proporción basada en un índice global del 96.6%, lo que indica una alta penetración en comparación con datos previos.

Por último, el acceso desde smartphones se mantiene muy alto (98% según el reporte pasado), lo que sigue siendo clave para la conexión a Internet en México.

Ante esta situación es importante destacar que el país enfrenta altos riesgos cibernéticos, situándose en segundo lugar de actividad cibercriminal en Latinoamérica, con más de 35,200 millones de ataques registrados en el primer trimestre de 2025.

Foto: Archivo (Ilustrativa)

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